Ya me comentó el día anterior que por la tarde quedaríamos con Hiroko, una chica japonesa que ambos conocimos en Praga, cuya familia vive en Tokio. Está aquí unos meses de momento, pero sus planes son irse a España a aprender español en Junio o Julio, para después volver a Praga, donde vive y trabaja su novio y futuro marido…parece que su idea es quedarse a vivir en Praga con él, pero entonces no entiendo de qué le sirve aprender español, pero bueno.
De camino al parque ya voy metiéndome en el ambiente de la gran ciudad de Tokio, con carteles por todas partes, gente de todo tipo, bicicletas por todas partes, una pantalla gigante que
Llegamos a la entrada del parque, sacamos la entrada, y entramos; acabamos de terminarnos el Takoyaki, y nos surge un problema que sería frecuente durante toda mi estancia allí: ¿dónde tirar la basura? Es uno de los “grandes problemas” de alguien que visita Tokio, como me comenta Elena, porque no es la primera vez: no hay papeleras por ninguna parte, pero no verás ni un solo trozo de basura en el suelo. Es más, al igual que ocurre en Suiza, incluso cuando alguien ve algo en el suelo, lo recoge para tirarlo en algún contenedor en lugar de dejarlo en el suelo, aunque el desperdicio no sea suyo.
Por fin localizamos una zona donde hay papeleras, pero nos surge el segundo problema relacionado con las basuras en Tokio: ¿dónde tirarlo? En los sitios donde tirar la basura, hay entre 4 y hasta 8 contenedores distintos, porque se separan todo tipo de residuos: tapones de botella, plásticos, aluminios, papel, vidrio…etc. A veces es sencillo identificar dónde, pero otras veces dudas y es mejor preguntar.
Tras un rato nos vamos de allí porque hemos quedado con Hiroko en Takeshita Dori, una de
También paseamos un poco por el Parque Yoyogi, donde los domingos se reúne gente vestida con extraños ropajes, algo que más adelante comprobaría por mí mismo. Empieza a anochecer y tomamos rumbo a la casa de Hiroko, a cinco minutos de la estación de Iidabashi. Esa noche nos ha invitado a cenar con su familia una cena típica japonesa, así que perfecto. Yo llevo en la mochila algunas cosas que he comprado en España a modo de obsequio, así que lo agradezco porque me molesta un poco la espalda de cargar todo el día con la botella de vino, y tengo hambre.
Llegamos a la casa. Sus padres tienen una tienda de artesanía en la planta baja, y viven en el segundo piso, aunque la casa parece que tiene dos pisos más. Entramos, nos descalzamos y nos dejan unas zapatillas de estar por casa, otra de las cosas que más adelante seguiría viendo. Esperamos en el salón mientras la madre cocina, hablamos y jugamos un poco con la Wii (qué raro, unos japoneses con una consola en casa…)…antes de cenar le pregunto que dónde está el servicio, y Hiroko me acompaña hasta él; otra sorpresa que en el futuro vería en más sitios: la tapa del retrete con calefacción!! “Joder”, pienso, “esto es el futuro!!”.
Otra curiosidad escatológica es que en los servicios públicos no hay retretes como los que conocemos nosotros y como los que había en las casas, sino que se trata de un sistema distinto en el que haces tus necesidades de cuclillas, de modo que no hay contacto físico entre el cuerpo de la persona que hace uso del “retrete” y el propio “retrete”…más higiénico, claro está.
Durante la cena charlamos de varios temas, sobre todo culturales, de diferencias entre países. Preguntamos por una especie de altar que hay junto a la gigantesca televisión plana del salón, y parece ser que se trata de algo para rezar por los antepasados muertos; hay otro pequeño altar, más recogido y mucho más reducido que el otro, y nos dicen que es para rezar. Más adelante comprobaría cómo rezan en los templos, es bastante rápido y sencillo, ya hablaré de ello más adelante. La madre ha preparado un montón de cosas, entre ellas: sushi (ha elaborado varios tipos de pescados crudos, colocados en una bandeja con una hojas de un sabor extraño, como limón y eucalipto mezclado, y una especie de ralladuras de cebolla), unos rollos de carne y queso, otros de carne rellenos de espárragos verdes y una pescado cuyo nombre no recuerdo, pero que estaba delicioso (éste sí estaba cocinado); luego sigue cocinando unas especie de langostinos rebozados tipo “calamares a la romana”, también muy ricos; para beber elijo sake en lugar de cerveza, y estaba muy bueno también, aunque me bebo varios vasos y no parece ser muy fuerte en cuanto a su graduación.
Al final tomamos café con unos pasteles que habían comprado, y quedamos con el hermano de Hiroko en que el viernes próximo iríamos a su casa para que nos deleitara con más cocina japonesa, porque le habíamos hablado del Takoyaki y que nos había gustado, y resulta que él en casa tenía una máquina de hacerlos. Así que aceptamos la invitación y quedamos en vernos el viernes que viene, aunque nos dice que antes tiene que preguntar a su mujer (está casado y tiene una hija), pero que no habrá problemas.Nos despedimos de la familia de Hiroko, arigato gosaimas (muchas gracias) y sayonara (esto no necesita traducción). Ella nos acompaña hasta la calle, y nos vamos en dirección a la estación de Iidabashi; de allí a Shinjuku, y luego Fucho…se dice pronto, pero es una hora de tren más o menos, las distancias y el tiempo que se tarda en llegar a los sitios son factores muy a tener en cuenta en Tokio.
Llegamos a la residencia y Elena me habla de unas tiendas que hay en le ciudad, que se llaman “Don Quijote” (he preguntado a gente pero nadie sabe el motivo de este nombre), abiertas hasta las 5 de la mañana, donde se puede comprar todo lo que puedas necesitar; y no es un decir, cuando dice que todo es TODO. Pero claro, hay que comprobarlo en persona, así que aunque estoy muerto de cansancio por llevar todo el día pululando y el jetlag del viaje, le pedimos prestada la bici a una amiga de Elena (una chica brasileña llamada Marina) y vamos a la famosa tienda que hay cerca. Al llegar allí compruebo que efectivamente, se puede comprar DE TODO: comida, bebida, ropa, menaje del hogar, cosméticos, herramientas, electrodomésticos, material de oficina, zapatillas, relojes, informática, etc. Cualquier cosa que puedas necesitar, allí lo puedes encontrar. Una visita curiosa, sin duda. Compramos algunas cosas para comer, vuelta a casa y final del día.
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