miércoles, 11 de febrero de 2009

Día 8, Lunes: vuelta a Akihabara e Instituto Cervantes

Me levanté a eso de las 10, cansado como siempre y voy a la estación de Fuchu; allí cojo el tren hasta Shinjuku y luego de nuevo a Harajuku. Voy solo porque Elena tiene clase, y con Hiroko he quedado por la tarde a las 16 en el Instituto Cervantes. Mi idea es volver a la tienda donde compré unas cosas para unos amigos que me las habían encargado, pero he decidido comprar más, porque a mi hermano aún no le había comprado nada, estaba esperando ver algo que molara, pero nada. Así que vuelvo allí, compro más regalos, y pongo rumbo a mi próximo destino: Akihabara. Quiero pasear tranquilamente por la ciudad de los electrodomésticos para ver si veo algo interesante y comprarlo.



Paseo por allí durante un buen rato, alucinando con las cosas que había. Veo muchos aparatos que aún no se venden en Europa, y los precios no son ni muy caros ni muy baratos, lo cierto es que valen más o menos lo mismo. Tras muchas vueltas y muchos paseos, compro un disco duro portátil por algo menos de lo que valen en España; no es mucho, pero ya que llevo todo el día por allí, por lo menos que me vaya con algo en las manos. Como un kebab en un puesto ambulante que veo por allí y después pongo rumbo al Instituto Cervantes. En la estación pregunto a una chica que resultó ser muy amable, y cuando montamos en el tren y vamos hablando, un señor se nos acerca y me pregunta que de dónde soy: le digo que español, y me sorprende diciéndome que habla un poco de español; por desgracia, llego a mi destino y me tengo que bajar, pero me puse contento de encontrar por fin alguien que hablara mi idioma.

La chica se baja del tren conmigo, me acompaña hasta el andén, espera a que me suba en el tren, y cuando me monto, me dice adiós con la mano mientras sonríe, y se da la vuelta en dirección a otro tren…no me sorprendió tanto porque Elena ya me había avisado de este tipo de conducta, pero es curiosos verlo en directo.

No me cuesta mucho encontrar el Instituto Cervantes: sabiendo el nombre de la calle y viendo un mapa veo que está a dos manzanas de la estación; además, nada más salir de ésta hay un cartel con un callejero donde aparece explícitamente el Instituto Cervantes marcado…llego antes de la hora, unos minutos, así que entro en el edificio y curioseo por la tienda y por una exposición de cuadros que había. Pregunto, pero por desgracia la biblioteca está cerrada ese día. Es ahí donde se suele mover el tema de búsqueda de gente para intercambio de idiomas y eso.


Al poco, estoy esperando en la puerta y veo aparecer a Elena. Me dijo que tenía clase, pero se excusa diciendo que era solo una hora y que no tenía ganas, así que decide unirse a nosotros. Al poco aparece Hiroko y charlamos un rato, para después decidir ir la zona de Shinjuku a pasear. La idea es verlo de noche, para ver su transformación. Gente por todas partes, como siempre, pero también mucho anunciante de bares y “centros de relax”, algo así como clubes nocturnos o de strip-tease. Curioseamos en una local de ocio lleno de maquinitas: ruido y colores por todas partes, chavales adolescentes viciados en las consolas entre luces brillantes.

Vamos a cenar a un sitio que Elena nos recomienda, del cual posee una tarjeta de descuento entre otros motivos. Bebemos cerveza japonesa, que no está nada mal como ya me habían dicho, y también pruebo más cosas japonesas, como el famoso Ekonomi Yaki o algo así, que es como mini pizzas estilo japonés. También como las famosas legumbres que son el juego del EMAME, pero no recuerdo el nombre: son como judías verdes alargadas, a las que presionas por uno de los laterales para sacarles el pipo que llevan dentro, que es lo que se come. El sushi tampoco faltó, claro está.



Después de la cena, nos vamos a casa, no sin antes quedar para el día siguiente, que teníamos pensado ir al Disneyland Tokyo. Quedamos con Hiroko y nos despedimos hasta el día siguiente.

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