miércoles, 11 de febrero de 2009

Día 7, Domingo: Yoyogi Park y Shibuya

Este día nos levantamos en casa de Yutaka, el señor que nos había acogido después de la fiesta karaoke del día anterior. Nos sirvió una especie de sopa que se supone era buena para la resaca, aunque lo cierto es que yo al menos no tenía mucha, pero como estos orientales tienen menos tolerancia al alcohol, pues no sé.

Después nos vamos a “casa”, y como Elena seguía con la garganta mala, se queda y yo decido ir solo por ahí, no creo que tenga problemas porque siempre se puede preguntar a alguien; además, en el supuesto de que me perdiera, eso sería una interesante experiencia para mí. Pero por desgracia eso no pasó. Se me olvidaba decir que Hiroko estaba ocupada ese día y no podía venir conmigo.

Después de ducharme salgo de casa hacia Fuchu, como siempre, en dirección a Shinjuku. Mi idea es intentar ir a la estación de Harajuku, que es la que está la lado de Takeshita Dori y del Parque Yoyogi, donde se reúnen los frikis vestidos de cosas extrañas y muchos turistas van allí para hacerles fotos. Tampoco he paseado por el Parque Yoyogi, y parece ser que, cómo no, hay un templo. Si puedo daré otra vuelta por allí y supongo que se me echará el tiempo encima, así que entre eso y volver a casa tendré el día hecho.

A la primera logro acertar, y cuando me bajo del tren me sorprendo del cambio de ver esa zona durante la semana, a verla un fin de semana. El cambio es brutal, hay gente por todas partes, y efectivamente muchos de ellos esperan en la estación y sus alrededores vestidos de forma extraña. Algunos están en grupos y otros solos, como esperando a más de su “especie”. A pesar del bullicio de los alrededores de la estación y de Takeshita Dori, sigo sin desprenderme de esa sensación de orden. El agobio de la gente es algo que no se deja sentir en Tokio, a pesar de su población. Una de las entradas del parque, la que está más cerca de la estación de Harajuku, está llena de frikis vestidos principalmente como personajes de juegos de rol, una mezcla entre góticos y algo mágico, muy curioso; también hay chicas vestidas con trajes del estilo de cuentos de hadas, así como con trajes de animales…la verdad es que muy divertido, ellos a su bola, charlando con su gente, mientras cientos de turistas les hacen fotos. De hecho, ese día y en ese lugar es donde pude ver la mayor concentración de occidentales de todo Tokio.

Luego decidí ir a ver ese templo del parque, así que seguí el camino que llevaba toda la gente, hasta que di con él. No le vi nada especial, otro templo más, solo que en medio del Parque Yoyogi. Después decidí volver al mismo lugar por donde había entrado, pero dando un rodeo por medio del parque para poder pasear por su naturaleza; acabé en el lugar donde se reúnen los frikis nuevamente, y decidí ir a otra entrada que había cerca, donde me dijeron que se reunían los frikis de los años ’60. No me decepcionó: al llegar, veo dos grupos de 6-8 personas que están vestidos al estilo de las pelis americanas de los años ’60, como Elvis Presley y esa gente, bailando al ritmo de las canciones de aquellos momentos lógicamente. Me entretuve un rato mirando, hice algunas fotos y grabé algún vídeo, y decidí que ya era hora de ver otra cosa.

Miro el mapa que tenía y veo que relativamente cerca queda el famoso paso de peatones múltiple de Shibuya, así que nada, pongo dirección a tal punto y me pongo a andar. En menos de media hora llego y presenció el curioso evento de ver la carretera llena de coches pasando en todas direcciones, y cuando el semáforo se pone en rojo, una marea humana en sentido literal invade el asfalto en todas direcciones…da la sensación de que se van a chocar y que la gente saltará por los aires como si de olas de mar se tratase, pero no, ves que todo el mundo encuentra algún hueco para meterse y alcanzar la otra orilla de la acera. Me moló bastante a pesar de la caminata. Decido volver para ir a Ginza, Elena me recomendó que fuera, y como veo que tengo tiempo me arriesgo a intentar ir allí. Vuelvo andando hasta Harajuku, y al lado veo la estación de Meiji-Jingu-Mae, que lleva hasta Hibiya.

Antes de meterme en la estación, pregunto a una chica que había por allí y que tenía al lado. Mira el mapa, y para variar, a pesar de ser japonesa, no está segura; ni siquiera los propios japoneses saben muy bien dar indicaciones en el metro, pero es que con tanta línea y tanta estación es comprensible. Mira en internet con el móvil, pregunta a otra chica, se mete en una tienda, sale, vuelve a irse y desaparece de mi vista…me quedo un poco extrañado, pero bueno, me pongo en la cola para sacar el ticket, y de repente aparece de nuevo y me dice que sí, que es esa estación y el importe…me quedé flipado en ese momento, nunca he visto tanta dedicación a la hora de ayudar a alguien!

Voy a Ginza y doy un paseo por allí. Me da algo de vergüenza pasear con mis deportivas y mi mochila entre tanta tienda de lujo, cochazos y gente bien vestida, pero bueno, soy un turistas y todo me resbala en el fondo. De todas formas, ya se ha hecho de noche y estoy bastante agotado, así que me doy la vuelta y decido retomar el camino hasta casa.

Al llegar a Fuchu, cerca de la estación veo un puesto de Tako Yaki, así que como tengo algo de hambre decido comprar dos, uno para Elena y otro para mí. Además, ésta me había dado la llave de su bici para que al volver la recogiera del aparcamiento de bicis y se la llevara; se dice pronto, pero me costó bastante localizar su bicicleta entre cientos de ellas muy similares. Aunque no fue imposible, la localicé y volví a casa con la bici, la cena y un cansancio de narices.

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