Llegó la hora de volver a casita...por un lado me da pena dejar ese mundo idílico que es Tokyo, con su gente y su orden, la novedad supongo. Pero por otro lado se echa de menos España.
Mi avión sale por la tarde, así que aprovecho la mañana para ir a una tienda "cercana" a comprar enredor para gastar mis últimos Yens. La tienda está algo alejada de la residencia, pero voy andando y confío en mi sentido de la orientación; hice bien, logré encontrarla a pesar de las dudas de Elena y de su insistencia en dibujarme un mapa o llevarme el iPod, jaja, a un español y extremeño como yo no nos hacen falta esas tecnologías para orientarnos le digo.
A la vuelta comemos y nos vamos de camino a la estación, pues se tardan casi dos horas en llegar ya que hay que cruzar todo Tokyo. Ella me acompaña hasta Shinjuku y de ahí tomo un tren que me lleva directo al aeropuerto.
Eso creía, y estaba convencido de ello, pero después de casi dos horas montado y no ver el final de la línea, empiezo a dudar y a ponerme nervioso...y encima, no veo a nadie con maletas y con pintas de extranjero, que eso es siempre un buen indicativo.
Así que decido bajarme en una esatción y preguntar a un guardia. Efectivamente voy en el tren correcto, sólo quedaban 3 estaciones...en fin, es bueno asegurarse y tengo tiempo de sobra.
Al llegar al aeropuerto están parando a la mayoría de la gente y registrando el equipaje, como a la entrada; les enseño, el pasaporte, me sonríen y me dicen que pase.
Y después poco más que contar...facturar maletas, esperar en zona de embarque, montar en el avión, etc, etc. Aprovecho para pasear por el aeropuerto de Narita.
Me dicen al facturar que no puede ser ventanilla, pero que es en el asiento de la salida de emergencia...me imagino que eso siginifica que hay más espacio para las piernas, y efectivamente delante de mi asiento no hay nada, unos dos metros de espacio para poder estirarse.
Mis compañeros: un empresario francés y una mujer japonesa. El viaje, como el anterior, algo pesado pero no demasiado, me duele el culo de estar sentado y de vez en cuando te levantas para dar una vuelta. Se agradece la pantalla con juegos, series y música, pero decido dormir con ayuda de los tapones y el cubre ojos ese que te dan.
En París no es mucho tiempo de espera, pero al ser muy temprano, las 4:30 de la mañana, no hay casi nadie por el aeropuerto, da una imagen de abandono un poco extraña. Cometo el error de intentar ser simpático y me tengo que tragar una larga conversación con un señor francés y su señora que vienen de la Polinesia de visitar a su hija, que está allí trabajando...la crisis, el precio de los billetes de avión y otras cosas son el tema de conversación.
Por fin aparecen agentes del aeropuerto para abrir la zona por la que debemos pasar. Paso a la zona de embarque y cuando llego no hay nadie que vaya a Madrid. Es una sala de espera muy pequeña en una zona a la que se accede bajando unas escaleras. Pero al rato aparece más gente y nos juntamo
s unos 20 españoles y extranjeros con destino a la capital española.
Llegada a Madrid, del aeropuerto a la esatción de buses...he tenido suerte con las combinaciones y los ratos muertos no son muchos. Como algo, un paseo por la esatción y al bus que me lleva directo a casa.
Y final de la aventura, me gustaría volver a Tokyo sin duda, así como tratar de visitar otras ciudades japonesas como Hiroshima y Kyoto. Espero poder volver algún día...
